Desde Som Sant Andreu entendemos el Ayuntamiento de Sant Andreu de la Barca como la casa común de todos los vecinos. Y como en toda casa bien organizada, hay espacios distintos, cada uno con su función y su sentido dentro de la vida democrática del municipio.
Está el pleno, que es la sala de las decisiones. Allí todo sigue un orden establecido: hay un orden del día, informes técnicos, votaciones y acuerdos que tienen efectos jurídicos y administrativos. En el pleno no solo se habla, se decide. Es el órgano máximo de representación política, donde se aprueban presupuestos, ordenanzas y propuestas que marcan el rumbo del municipio. Es formal, reglado y necesario.
Y luego está la audiencia pública.
La audiencia pública es diferente. No es el espacio donde se vota, sino donde se escucha. Es el momento en que cualquier vecino puede dirigirse directamente a sus representantes para plantear preguntas, inquietudes o propuestas. Es un espacio más abierto, más cercano y más humano. No sustituye al pleno, ni compite con él: lo complementa. En el pleno se decide; en la audiencia pública se da voz.
Desde Som Sant Andreu defendemos firmemente este espacio. Nos gusta la audiencia pública. Creemos en la participación ciudadana real. Pero también creemos que debe ser dinámica, respetuosa y útil. No puede convertirse en un simple trámite donde se habla sin obtener respuesta, ni en un escenario de confrontación sin orden.
La audiencia pública debe garantizar que el vecino sea escuchado y que el gobierno responda con claridad. Debe existir oportunidad, seguimiento y compromiso. Y si el formato no funciona como debería, puede modificarse. Su regulación depende del reglamento municipal y, mediante acuerdo del pleno, se pueden introducir mejoras: ajustar tiempos, permitir réplicas, organizar intervenciones temáticas o garantizar respuestas en plazos concretos. Cambiar no es debilitar; es fortalecer la democracia.
Ahora bien, también es importante decir algo con claridad: la audiencia pública no limita la responsabilidad ni la voz de los regidores. Un concejal no está únicamente para responder preguntas cuando se le interpela directamente. También tiene la obligación de aportar información, contextualizar, aclarar datos y fijar posición cuando el interés general lo requiere.
Eso sí, el orden es fundamental. Los turnos de palabra existen para garantizar el respeto y la igualdad. Un regidor no debe interrumpir ni romper el funcionamiento de la sesión. Pero si dispone de un dato relevante que pueda aclarar una situación o evitar una confusión, puede solicitar la palabra a la presidencia para intervenir, aunque no sea su turno inicial. Será quien modera la sesión quien autorice esa intervención si lo considera oportuno. Así se mantiene el equilibrio entre orden y transparencia.
La audiencia pública no es un interrogatorio ni un monólogo; es un diálogo. Y en un diálogo deben poder expresarse tanto los vecinos como sus representantes, siempre desde el respeto.
Desde Som Sant Andreu defendemos una democracia local firme en sus decisiones y abierta en su escucha. Una institución rigurosa en el pleno y cercana en la audiencia pública. Porque gobernar no es solo votar acuerdos; es también explicar, rendir cuentas y mirar a los vecinos a los ojos.
La participación ciudadana fortalece el municipio. Y cuando se combina con responsabilidad, respeto y oportunidad para todos —vecinos y regidores—, la democracia en Sant Andreu de la Barca se hace más sólida, más transparente y más justa.
Felipe del Val
REGIDOR DEL AYUNTAMIENTO Y PORTAVOZ DE SOM SANT ANDREU